En 1891, los ingenieros de la
empresa Westinghouse, en Pittsburgh, se pusieron de acuerdo
y tomaron la decisión final de considerar a los 60 Hz como la
frecuencia del futuro, y durante ese mismo año, los ingenieros
de Allgemeine Elektrizitats Gesellschaft (AEG) en Berlín seleccionaron
los 50 Hz.
Desde la toma de estas decisiones,
estas frecuencias pasaron a ser las “frecuencias de transmisión
de la corriente alterna” normalizadas, de hecho esta decisión
sigue afectándonos hoy en día. Aunque esto de la normalización
depende de cada país, uno de los casos más peculiares es el
de Japón, cuando una persona viaja de Tokio a Osaka ha de tener
en cuenta que ha pasado de una zona de 50 Hz a otra de 60 Hz.
Con esta pequeña reseña se va
a intentar clarificar el por qué los ingenieros de Westinghouse
y AEG no se pusieron de acuerdo en una única frecuencia y por
qué eligieron cada uno un valor diferente.
Para conocer el origen de las
decisiones que determinaron las frecuencias actuales hay que
viajar hasta finales del siglo XIX, para ello es necesario revisar
los documentos que permitan vislumbrar las trazas de estas decisiones
y esto nos permitirá reseñar cronológicamente los hechos que
llevaron a éstas.
Desde el principio de los tiempos
de la electricidad usada no como divertimento, sino como un
método seguro de iluminar las casas, los paseos o como un método
para la alimentación de motores eléctricos en las fábricas y
producir un movimiento mecánico que nos liberara de los costosos
y poco eficientes sistemas de transmisión mecánica: mediante
ejes, bielas, poleas y engranajes que se estaban utilizando
en aquellos años de la revolución industrial, las frecuencias
utilizadas han cambiado desde los 40 y 53 Hz en Europa y de
los 133+1/3 y 125 Hz en EE.UU. a los 50 y 60 Hz respectivamente.
No se va a reseñar el periodo de transición entre la corriente
continua, cuyos principales valedores fueron Edison y Kelvin
y la corriente alterna (1887), cuyo principal defensor fue Nikola
Tesla, porque esta sí que fue una auténtica guerra, tanto tecnológica
como económica y política.
Período
1866 a 1890
Aunque hoy en día
parezca increíble en aquellos años cada fabricante, Edison,
Thomson-Houston, Westinghouse, Siemens, etc. generaban, producían
y distribuían la energía eléctrica, además de fabricar los motores
y lámparas adecuadas a las características de ésta. Donde la
electricidad no se desarrolló como un todo y se intentó el uso
individual de los diferentes inventos aislados unos de otros,
apareció un atraso tecnológico importante: Inglaterra, Francia
o España. Como claro ejemplo de esta situación, en 1878, la
Edison Machine Works construía dinamos, la Edison Tube Company
fabricaba conductores, la Edison Lamp Works fabricaba lámparas
incandescentes y la Electric lIuminating Company of New York
generaba electricidad en a central de Pearl Street.
Centrándose en la
corriente alterna, en 1884 el Dr. Hopkinson demostró la posibilidad
de transmisión de corriente alterna sobre distancias cortas,
mientras que ese mismo año Gibbs y Gaulard presentaron la segunda
versión de su “generador secundario”, precursor del transformador,
en la Exposición de Turín. Se hicieron ensayos de transporte
entre Turín y Lanzio. La red primaria era de unos 40 km de longitud,
una potencia de 20 KW y una tensión de 2.000 Volt. En ese periodo,
Max Deri, Otto Bláthy y Karl Zipernowsky, viendo los defectos
del “generador secundario” de Gibbs y Gaulard, lo mejoraron
cerrando el circuito magnético. El 16 de septiembre de 1884
se acabó de montar el transformador, por primera vez así llamado,
cuyas características eran: relación de transformación 120/72
v, potencia de 1.400 VA y 40 Hz. En 1886, la compañía Westinghouse
compra las patentes de los transformadores diseñados por: Gibbs-Gaulard
y el de Max Deri, Otto Bláthy y Karl Zipernowsky y con el empeño
de Stanley desarrollan un transformador acorazado que utilizaron
en su demostración de Great Barrington, que estuvo alimentado
desde un alternador del tipo de los fabricados por Siemens.
Éste tenía 16 polos, trabajaba a 1.000 rpm y de aquí los 133+1/3
Hz.
f = (p * n ) / 120
Donde:
En cambio, otros
fabricantes como la Thomson-Houston Company utilizaba alternadores
de 15.000 ciclos (p * n), lo que permitía frecuencias de 125
Hz. Por esta razón se inicia en EE.UU. la era de la “alta frecuencia”
en la generación y transmisión de la energía eléctrica, Westinghouse
133+1/3, Thomson y Houston 125 Hz y Fort Wayne Jenny Electric
140 Hz.
Realmente, en estos
años, el principal uso de la electricidad era para la iluminación
y tanto unas como las otras frecuencias cumplían perfectamente
con los requerimientos deseados de calidad. Con frecuencias
inferiores las lámparas empezaban a producir un molesto efecto
parpadeante.
Período
1890 a 1925
Este es un periodo
en el que aparece un elemento que va a perturbar la relativa
tranquilidad de los fabricantes, el motor de inducción. Los
motores que se utilizaban para el desarrollo de potencias mecánicas
que movían las herramientas de las máquinas se acoplaban directamente,
motor eléctrico-máquina herramienta, si éstas máquinas trabajaban
a unas 80 rpm, se requerían motores eléctricos de 200 polos
alimentados a 133+1/3 Hz.
Este problema, del
elevado número de polos, no aparecía en Europa puesto que ya
se trabajaba con 40 Hz, y por lo tanto se requerían generadores
de 60 polos. En 1890, AEG Y Oerlikon utilizaron 40 Hz para su
línea eléctrica trifásica de 175 km desde Frankfurt (receptores)
a Laufen (producción) utilizando un alternador de 50V de tensión
de fase, 32 polos cuyo rotar giraba a 150 rpm, lo que nos da
una frecuencia de 40 Hz. La transmisión se realizaba transformando
en el origen de 50 a 8.500V y en la ciudad de Frankfurt se reducía
su tensión a 65V. Posteriormente se dieron cuenta de los problemas
estroboscópicos, debidos a la baja frecuencia aplicada a las
lámparas y ya en 1991 optaron por una frecuencia de 50 Hz, con
lo que se solventaban ambos problemas. Diseño de los generadores
para la alimentación de motores y de los sistemas de iluminación.
En 1890, los ingenieros
de Westinghouse se dieron cuenta que trabajar a frecuencias
sobre los 130 Hz les estaba impidiendo el desarrollo de sus
motores de inducción, demasiados polos en el estator de la máquina.
Analizando el problema, llegaron a la conclusión que 7.200 ciclos
(p*n), y por lo tanto 60 Hz de frecuencia en la corriente eléctrica,
era el valor óptimo para sus motores y el acoplamiento a las
máquinas que se fabricaban en aquellos años.
Steinmetz justo antes de entrar a trabajar en la Thomson-Houston
Company determinó que la aparición de problemas de resonancia,
con el material eléctrico que había adquirido Hartford Electric,
era debida a los armónicos de la señal de 125 Hz con la que
suministraban la corriente. La forma de solucionarlo fue reducir
ésta a 62,5 Hz. Por el contrario General Electric siguió utilizando
los 50 Hz que utilizaba su socia europea AEG. En 1894, General
Electric se dio cuenta que estaba perdiendo ventas dentro del
mercado la corriente alterna y cambió drásticamente a 60 Hz.
Pero no todo era
unanimidad, respecto de los 60 Hz, uno de los mayores proyectos
para la generación de energía eléctrica de la época, el de las
cataratas del Niágara, en 1892, para suministrar energía a la
ciudad de Chicago se decantó por la utilización de un alternador
bifásico de 12 polos, cuyo rotar giraba a 250 rpm, lo que nos
da una frecuencia de 25 Hz, siendo Westinghouse la compañía
que desarrolló el proyecto. Asimismo otros fabricantes de generadores
de aquellos tiempos construían alternadores de 8.000 ciclos,
lo que nos da una frecuencia de 66+2/3 Hz.
Período
1925 a la actualidad
Aunque pueda parecer
que desde 1921 todos los sistemas eléctricos en EE.UU. utilizaban
los 60 Hz, esto no fue así. El proceso de transformación hacia
la frecuencia estándar duró prácticamente hasta 1948. Por ejemplo
las instalaciones de Mili Creek no se modificaron hasta la finalización
de la segunda guerra mundial.
En Inglaterra aún fue peor
desde la redacción de Electric Light Act, en la que se obligaba
que todo el material eléctrico que se fabricase debía de poder
ser utilizado por cualquier persona o empresa, llevó a que el
transformador desarrollado por Gibbs y Gaulard no pudiese ser
utilizado en Inglaterra (una de las causas de su retraso tecnológico)
pero sí en EE.UU. o Alemania.
Un caso extremadamente
peculiar lo tenemos en Japón. El departamento de Yokohama envió
a EE.UU. unos ingenieros para que estudiaran las diferentes
tecnologías que sobre el tema eléctrico había en ese momento,
1889.
Cuando volvieron a Japón habían sido convencidos de las bondades
de la “alta frecuencia” y compraron e instalaron un alternador
de Stanley-Kelly-Chesney (SKC) el cual trabajaba a 133+1/3 Hz,
en Keage Canal. En 1895 AEG vendió un alternador de 50 Hz a
una compañía de Tokyo.
Recordemos que Stanley
de la SKC se trasladó a General Electric, y fue cuando determinó
que 133+1/3 era una frecuencia demasiado grande para los motores
eléctricos de corriente alterna, y cambiaron la producción de
sus alternadores para que generaran corriente eléctrica a 60
Hz.
Cuando una compañía
de la ciudad de Osaka compró un alternador AGE, ésta los fabricaba
para generar corrientes de 60 Hz y aquí empezó la división de
las frecuencias en Japón hasta la actualidad: en el este 50
Hz y en el oeste 60 Hz.
Resumen
Realmente, la determinación
de la frecuencia más conveniente vino debida a la necesidad
de ir superando los problemas tecnológicos que iban apareciendo
en la expansión de la energía eléctrica por todo el mundo.
Así, en los primeros años la energía eléctrica se utilizaba
casi exclusivamente para la iluminación pública, hoteles, bancos
y casas de personas más bien pudientes y para evitar los efectos
estroboscópicos las frecuencias utilizadas eran altas.
Cuando se introdujo
la energía eléctrica dentro de los procesos fabriles y el consumo
de la energía debía de ir destinado, no solo a iluminación,
sino a potencia se redujo la frecuencia de ésta hasta los valores
actuales.
El por qué de 50
Hz en Europa y de 60 Hz en EE.UU. vino debido única y exclusivamente
determinado de la posición de preponderancia de AEG en Europa
y de GE en EE.UU., cuyos ingenieros se decantaron en su momento
por una u otra.