Así como Tales
de Mileto dió inicio a la investigación,
algo más tarde, otro griego, Teofrasto
(310 A.C.), realizó un estudio de los diferentes materiales
que eran capaces de producir fenómenos eléctricos y escribió
el primer tratado sobre la electricidad.
A principios del siglo XVII comienzan
los primeros estudios sobre la electricidad y el magnetismo
orientados a mejorar la precisión de la navegación con brújulas
magnéticas. El físico real británico William
Gilbert utiliza por primera vez la palabra electricidad,
creada a partir del término griego elektron (ámbar). El jesuita
italiano Niccolo Cabeo analizó sus experimentos y fue el primero
en comentar que había fuerzas de atracción entre ciertos cuerpos
y de repulsión entre otros.
Alrededor de 1672 el físico alemán
Otto von Guericke construye la primera máquina electrostática
capaz de producir y almacenar energía eléctrica estática por
rozamiento. Esta máquina consistía en una bola de azufre atravesada
por una varilla que servía para hacer girar la bola. Las manos
aplicadas sobre la bola producían una carga mayor que la conseguida
hasta entonces. Francis Hawksbee perfeccionó hacia 1707 la máquina
de fricción usando una esfera de vidrio.
En 1733 el francés Francois de
Cisternay du Fay propuso la existencia de dos tipos de carga
eléctrica, positiva y negativa, constatando que:
Du Fay y Stephen Gray fueron
dos de los primeros "físicos eléctricos" en frecuentar plazas
y salones para popularizar y entretener con la electricidad.
Por ejemplo, se electriza a las personas y se producen descargas
eléctricas desde ellas, como en el llamado beso eléctrico: se
electrificaba a una dama y luego ella daba un beso a una persona
no electrificada.
En 1745 se construyeron los primeros
elementos de acumulación de cargas, los condensadores, llamados
incorrectamente por anglicismo capacitores, desarrollados en
la Universidad de Leyden (hoy Leiden) por Ewald Jürgen Von Kleist
y Pieter Van Musschenbroeck. Estos instrumentos, inicialmente
denominados botellas de Leyden, fueron utilizados como curiosidad
científica durante gran parte del siglo XVIII. En esta época
se construyeron diferentes instrumentos para acumular cargas
eléctricas, en general variantes de la botella de Leyden, y
otros para manifestar sus propiedades, como los electroscopios.
En 1767, Joseph Priestley publicó
su obra The History and Present State of Electricity sobre la
historia de la electricidad hasta esa fecha. Este libro sería
durante un siglo el referente para el estudio de la electricidad.
En él, Priestley anuncia también alguno de sus propios descubrimientos,
como la conductividad del carbón. Hasta entonces se pensaba
que sólo el agua y los metales podían conducir la electricidad.
En 1785 el físico francés Charles
Coulomb publicó un tratado en el que se describían por primera
vez cuantitativamente las fuerzas eléctricas, se formulaban
las leyes de atracción y repulsión de cargas eléctricas estáticas
y se usaba la balanza de torsión para realizar mediciones. En
su honor, el conjunto de estas leyes se conoce con el nombre
de ley de Coulomb. Esta ley, junto con una elaboración matemática
más profunda a través del teorema de Gauss y la derivación de
los conceptos de campo eléctrico y potencial eléctrico, describe
la casi totalidad de los fenómenos electrostáticos.
Durante todo el siglo posterior
se sucedieron avances significativos en el estudio de la electricidad,
como los fenómenos eléctricos dinámicos producidos por cargas
en movimiento en el interior de un material conductor. Finalmente,
en 1864 el físico escocés James Clerk Maxwell unificó las leyes
de la electricidad y el magnetismo en un conjunto reducido de
leyes matemáticas.